viernes, 16 de enero de 2015

El Diego con que me quedo...

Nunca me ha gustado el fútbol... aunque sí algunos futbolistas... El primer Mundial que vi completo fue el de 1994 cuando el equipo de México - que decidí seguir más por vínculos históricos que por el deporte- tenía en su nómina a Luis García, Alberto García Aspe y al portero Jorge Campos con su vestimenta de muchos colores... Tenía 11 años... 
No me gusta el fútbol, lo repito....Si voy a ver alguno, prefiero el fútsal, que es más rápido, se meten más goles y no termina ningún partido 0-0....Es que no me gustan los empates...Prefiero las definiciones.
Decía que aunque no me gusta el fútbol, siempre me gustaron futbolistas y no por el alto o el ancho, sino por sus ac(p)titudes....Así como aquel histórico Pelé, el pimentoso portero mexicano, como la hidalguía de Figo, la maestría de Zidane, lo arrollador de Ronaldo, el ángel de Raúl, las habilidades del callado Messi y la constancia de Cristiano... A todos ellos sumo, por supuesto, y en primer lugar, a Maradona, del que más escuché hablar siempre. Todos mis primos emulando con él, que si las piernas como las de Maradona, que si el gol de Maradona, que si el Mundial de Maradona....Tengo hasta una hermana de mi abuela que, a escondidas de su esposo, coleccionaba las fotos del Pelusa porque vivía enamorada de aquel argentino y su juego...
Nunca pensé conocerlo. Ese privilegio le correspondía a otros, a los que saben más que yo y a los que lo aman furibundamente.
A mí me llegó luego de que no jugara más, con su imagen en La Habana, hablando con Fidel. Me llegó la visión entonces del tipo que además de equivocarse, lo asume y rectifica; que tiene en el juego más universal el corazón porque no se separa ni de la cancha ni de lo que ella representa en la sociedad; el atleta eterno que ve en cada jugador a un tigre, a un loco, a un bárbaro...y no perdona jugar sin pasión. Es la canción del Silvio que admira: si tú debes jugar, juégalo todo; si debes arder, arde con todo.
Así ha llegado una y otra vez. Así llegó a hacer De Zurda junto a Víctor Hugo en una clase magistral de cómo el deporte es más que números, de cómo un atleta es parte de la sociedad donde se habla de economía, política, arte, sin complejos ni temores...
Por eso le dije a mi vecino que sí, que me diera su camiseta de Maradona, para que se la firmara; y por eso vencí mis penas, me la puse y corrí hasta donde el Pelusa para que pusiera allí su nombre....sobre mi espalda...porque no tenía la misma gracia que escribiera sobre la tela en el aire a que escribiera sobre mí...aunque la camiseta no vaya a guardarla yo.  Y así tuve encima la mano del "Dios" de muchos, con la suerte y la gracia de Riki, el fotógrafo amigo que me regaló para siempre este momento irrepetible.
Y digo irrepetible porque al día siguiente el mundo supo, gracias al programa que el Diego hizo en Cuba, que Fidel está entero. El Jefe le escribió una carta que fue noticia en segundos rompiendo el cerco de incertidumbres que muchos infelices querían cerrar... 
Y es que Maradona tiene, además del privilegio de ser un astro del fútbol, de ser amigo de personalidades y ser querido por millones, la hermosura de ser un eterno provocador de pasiones... hasta las de hombres tan grandes como Fidel.

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