sábado, 11 de agosto de 2012

Menos mal que existen....

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La vida quiso que Esther viviese 102 años no para sufrir la muerte de sus dos hijos, sino para ver la realidad de sus sueños.... Hoy reproduzco este art'iculo del diario Granma, porque los hermanos Sa'iz son una muestra hermosa de la juventud cubana, y porque ese amigo que hoy los recuerda, ha sido conseg=cuente y ha dado frutos que siguen el camino de lucha.....El Villafranca mayor habla de sus amigos Luis y Sergio, y Cuba entera recuerda a aquellos que sab'ian que la gloria no era la premisa, sino hacer lo que se necesitaba, sin esperar echar sombra o ra'ices y disparando siempre contra cicatrices......Silvio no se equivoca: menos mal que existen....  

Los hermanos Saíz y el documento ¿Por qué luchamos...?
Elena Milián Salaberri
"El verbo contundente, la alegría contagiosa, la típica cubanía, el amor a la patria, son cualidades de los hermanos Luis y Sergio Saíz, imperecederas aún a 55 años de su asesinato", sostiene Gustavo Villafranca, amigo y hombre de lucha junto a los jóvenes mártires pinareños.
"Gracias a ellos pensé más en Cuba", recuerda el hoy octogenario poblador de la localidad de San Juan y Martínez, en el oeste de la capital de Pinar del Río, donde la memoria de quienes privados de la vida por sicarios de la tiranía batistiana cuando contaban 18 y 17 años, respectivamente, parece signar la vida de cada lugareño.
"La trayectoria revolucionaria de ambos —enfatiza— está muy ligada a la vida estudiantil; eran jóvenes muy talentosos, quienes dejaron profunda huella en la historia social y cultural cubanas.
"Para los revolucionarios de todas las épocas el testamento político de los hermanos Saíz, guardado con celo extremo en su casa natal devenida museo, es material de extrema madurez ideológica", agrega el amigo, integrante de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) en San Juan y Martínez.
Gustavo Villafranca era dependiente de la tienda La Moda, lugar al cual concurrían asiduamente varios integrantes del M-26-7, entre ellos los Saíz, quienes día a día ganaban prestigio por su accionar en las filas del movimiento opositor al régimen de Fulgencio Batista.
"Cierta noche, precisamente frente al cine donde fueran después asesinados —evoca— alguien dijo que hacía falta convocar a elecciones para derrocar a los batistianos, a lo que Sergito respondió: ‘aquí lo que se necesita es una revolución porque con elecciones la mayoría de los politiqueros conservarán sus puestos de camajanes’".
"Se trataba del joven de apenas 17 años y ya se expresaba así", señala emocionado Villafranca, quien al paso del implacable tiempo, no deja de sorprenderse de las personalidades de los hijos de la maestra Esther Montes de Oca y del juez Luis Saíz Delgado.
Al propio tiempo, ambos muchachos eran dulces, dinámicos y fuertes; populares entre las jovencitas por la jovialidad y las inclinaciones literarias y periodísticas.
"Transcurría el 13 de agosto de 1957, cumpleaños del líder de la Revolución Fidel Castro, y Luis y Sergio pretendían realizar alguna acción para celebrar así la fecha.
"Apenas cinco minutos después, un esbirro de la tiranía, en la calle frente al entonces cine Martha, insistió para registrar a Sergito, y Luis, que estaba algo alejado, corrió en su defensa; entonces el hombre les disparó, primero a quien se acercaba corriendo, y luego a su hermano.
"Yo escuché los tiros desde mi casa y cuando llegué ya habían sido trasladados a la cercana casa de socorros, y yacían muertos.
"Todo el pueblo se volcó a la calle, y al pasar frente a su casa, Esther, la madre, hoy anciana de 102 años, salió al portal y preguntó qué pasaba, un desconocido le dijo que habían matado a los hijos del juez sin saber que hablaba con la madre.
"El velorio fue multitudinario, pese a las presiones de la dictadura; los combatientes de la lucha compramos un rollo de tela negra y paquetes de alfileres e hicimos lazos para usarlos en señal de luto en el funeral".
En el documento ¿Por qué luchamos...?, considerado testamento político de los hermanos Saíz, existen fragmentos que rezan:
"(...) Es necesario, imprescindible digamos, llevar a cabo la justa Reforma Agraria que dé la tierra al campesino y que con la creación de granjas agrícolas colectivas se reparta la riqueza de la cosecha entre los que la hicieron y así eliminan los ladrones y geófagos que roban el sudor de otros".
"(...) No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar y como ofrenda de devoción y desprendimiento las hemos depositado en los brazos de la revolución cubana —justa, grande, renovadora, honrada, socialista— sin más esperanzas que ver algún día cumplidos estos sueños (...)". (Servicio Especial de la AIN)








lunes, 6 de agosto de 2012

Periodista...


Junio de 2006: ¨El periodismo, profesión y oficio que tanto hace soñar; actitud ante la vida que permite tomar partido, compartir con los semejantes, representarlos, escuchar y hacer que otros escuchen y comprendan; para algunos, tal y como diría Chesterton, autor de El hombre que fue jueves: “la profesión de los que se quedaron sin profesión”; y para otros, lo que afirma Leonardo Padura: “uno de los oficios más peligrosos y, sobre todo, uno de los más ingratos del mundo.”
Agosto de 2012: Luego de 6 años de graduada, sigue siendo lo que siempre quise y lo que sería si volviera a nacer......

lunes, 30 de julio de 2012

Cierres???????


Esta Tecla Ocurrente, publicada por Guille el 6 de noviembre de 2003, viene hoy como anillo al dedo para muchos, tanto para los que ya hicieron "cierres" como para los que pueden estar por descubrir el camino.....

Hoy les regalo un pequeño texto —sintetizado—, del escritor brasileño Paulo Coelho, envío de Lázaro.
Es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría, el sentido del resto. Cierra círculos, o puertas, o capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es cerrarlos, dejar ir momentos que se van clausurando.
¿Terminó con su trabajo? ¿Con la relación? ¿No más en esa casa? ¿Debe irse? ¿La amistad se acabó? Puede pasarse el tiempo «revolcándose» en porqués, en rebobinar el casete y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste será infinito porque en la vida, usted, yo, todos y todas estamos abocados a cerrar capítulos, pasar la hoja, terminar con etapas o momentos y seguir adelante. No podemos en el presente añorar el pasado, preguntándonos por qué sucedió, hay que soltar, desprenderse.
No puedes ser niño eterno, adolescente tardío, empleado de empresa inexistente, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado. No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! A veces es importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, desprenderse. En la vida nadie juega con cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, pasar la hoja, vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó.
No espere que le devuelvan, que le reconozcan, que alguna vez sepan quién es usted. Suelte el resentimiento, que lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida es adelante, nunca atrás. Si usted anda por la vida dejando «puertas abiertas», por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de «regresar» (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, tres meses, un año, por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa igual, porque en la vida nada se queda quieto, estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que está en su vida. Nada ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo es vital, porque cuando vino al mundo llegó sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar. Aprenda a desprenderse, humanamente es posible. Solo es costumbre, necesidad, apego. Cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, sacuda, suelte.
Regalo de jueves Siga adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
(Publicado originalmente el 6 de noviembre de 2003)

sábado, 28 de julio de 2012

Sitios...

Hay lugares así..........con el cielo bajito y las nubes inmóviles...como si el tiempo no pasara....América tiene sus misterios y sus bellezas....
Un día una piedrita de ese espacio también será amuleto de nuevas suertes.....

Para ti....


TESTAMENTO
Como la muerte anda en secreto
y no se sabe qué mañana,
yo voy a hacer mi testamento,
a repartir lo que me falta
pues lo que tuve ya está hecho,
ya está abrigado, ya está en casa.
Yo voy a hacer mi testamento
para cerrar cuentas soñadas.

Le debo una canción a la sonrisa,
a la sonrisa de manantial, esa que salta:
le debo una canción a toda prisa
para que quede que estuvo cerca, agazapada.

Le debo una canción a lo que supe,
a lo que supe y no pudo ser más que silencio:
le debo una canción, una que ocupe
la cantidad de mordazamor de un juramento.

Les debo una canción a los pecados,
a los pecados que no gasté, los que no pude:
les debo una canción, no como hermano,
sólo de sal que el delectador también alude.

Le debo una canción a la mentira,
a la mentira pequeña, frágil, casi salva:
le debo una canción endurecida,
una canción asesina, bruta, sanguinaria.

Le debo una canción al oportuno,
al oportuno mutilador de cuanta ala:
le debo una canción de tono oscuro
que lo encadene a vagar su eterna madrugada.

Le debo una canción a las fronteras,
a las fronteras humanas, no a las del misterio:
les debo una canción tan poco nueva
como la voz más elemental de los colegios.

Le debo una canción a una bala,
a un proyectil que debió esperarme en una selva:
le debo una canción desesperada,
desesperada por no poder llegar a verla.

Le debo una canción al compañero,
al compañero de riesgos, al de la victoria:
le debo una canción de canto nuevo,
una bandera común que vuele con la historia.

Le debo una canción, una, a la muerte,
una a la muerte voraz que se comerá tanto:
le debo una canción en que hunda el diente
y luego esparza con la explosión fuegos del canto.

Le debo una canción a lo imposible,
a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza:
le debo una canción indescriptible
como una vela inflamada en vientos de esperanza

Silvio Rodríguez.