sábado, 4 de diciembre de 2021

Diario de 10 días: 4 de diciembre de 2016



 4 de diciembre de 2016

Santa Ifigenia

Serías las 3 y media o 4 de la mañana. Vimos el amanecer en Santa Ifigenia.  Todo listo. El pueblo esperando a Fidel a la entrada. Avisan que había salido ya de la Plaza y todos tomamos nuestros puestos. Solo quedaba esperar…. Y continuar….

Eras pocas las cámaras, ubicadas en el sitio y a la distancia precisa para captar de manera general o particular lo más importante.  Comenzó todo con Raúl y sus flores a Martí, junto a otros dirigentes del país. El tributo primero, al Maestro de esa generación valerosa. Comenzó la marcha que el director de la banda de ceremonias había dedicado a Fidel…una música que no podía ser más parecida al momento…todo encajaba perfectamente con cada sonido. La bandera en Santa Ifigenia batía fuerte. Nosotros mirábamos en el monitor lo que estaba sucediendo, atentos al momento más triste que había tenido el pueblo.  Dalia y sus hijos con el cedro en brazos, la entrega al guardia sereno, y este a Raúl. Y ahí fue el guerrero valiente y leal, con la fuerza de sus brazos, a colocar a su Jefe, a su hermano, en el centro de la piedra que se convirtió en el corazón de Cuba. 


Había que ser fuerte para verle en sus gestos, su respiración,  en su postura  ante la urna que dejaba allí, y no flaquear delante del switcher. Había que tener un nivel de compromiso inmenso y un amor, para estar allí y llevar a Fidel hasta el final después de haberle acompañado varias décadas en muchos actos y conversar con él, y reír con él y celebra victorias juntos, sin que una disolvencia se hiciera fuera de tiempo o lugar…. “Está probado”, dirían algunos, pero el corazón siempre pone pruebas más complejas a cualquier talento… pero nuestro director lo logró.

 Así un joven tocó silencio, emocionadísimo, y se escuchó el Himno de Bayamo, y las salvas, y el pueblo desde las calles que decía “Yo soy Fidel”… La primera guardia de honor también la hizo un joven, con una marcialidad impecable y un aplomo digno del momento. La tropa de Fidel demostraba a cada minuto que estaba lista. No hubo discursos…solo se escuchó su voz en el concepto de Revolución, y luego, las flores de compañeros de lucha, familiares y amigos de todo el mundo, desde Nicolás Maduro, el Evo, Daniel Ortega, Dilma, Maradona… tantísimos….

Ceremonia breve que nos dejó sin habla unos minutos.  Cuando se retiraron familiares e invitados, quedamos nosotros. Había entonces que preparar el material para llevarlo al pueblo de Cuba en el horario indicado.  Estuvimos todo el día allí, sin salir del cementerio, mientras los encargados de ello, Rene y Frandy, revisaban cada detalle. Los compañeros del equipo de prensa presidencial nos ayudaban con los planos que ellos también habían grabado desde otros ángulos. Recuerdo que salí un momento y me senté en un muro al lado de Yaima Puig, la periodista que cubría junto con ellos cada paso del General de Ejército. Intercambiamos algunos suspiros y pocas palabras. Las dos mirábamos a lo lejos, contemplando aquel día. 

Santa Ifigenia estaba llena de flores que Raúl puso a los mártires de la lucha insurreccional, a Céspedes, a Mariana, cuando terminó la ceremonia.  Estuvimos allí todo el día. En la noche, cuando salió la ceremonia al aire, comenzamos a desmontar el remoto. Salimos de allí  cerca de las diez de la noche…. El cansancio de la tensión ya nos obligaba a tirarnos sobre los asientos de la guagua como fuera… Llegamos al Balcón del Caribe. A las 6 de la mañana salíamos para La Habana. Otro grupo se quedaba para otra tarea. 

De aquellos días guardo muchas más recuerdos de los que logro escribir…guardo también  las credenciales, par de fotos que Jair me tiró y recién he podido ver,  una conversación en madrugada sobre el futuro de combate, y una buganvilia de las que crecen  en Santa Ifigenia, que coloqué a un retrato de Fidel que tengo en casa. 

Cuando salí de Santiago supe que  volvería siempre por muchas razones.... A los cubanos que detrás de cámara también le ponen corazón a la patria de Martí y de Fidel y que de occidente a oriente vibraron y se unieron esos diez días, las gracias. Sea este recuento imperfecto e incompleto – que solo en la memoria de todos vale más-, un homenaje a Fidel y a toda esa tropa que me permitió acompañarle a Santiago y que llevó a cabo con tremendo amor, una de las misiones más hermosas y difíciles que equipo de televisión alguno haya tenido. 


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