Esas son las cosas de mi tutor....de un periodista siempre de filas, como su tío abuelo Raúl Gómez García.........
Me ha regalado sus letras para este humildísimo blog y ahora tengo el placer de compartir sus añoranzas....
Escuchando a Correa
Magia en la voz,
con ese mínimo canto del ecuatoriano, del latinoamericano cosmopolita y culto
que es. Brillo singular en la mirada, que recuerda la contemplación del
enamorado en su primera luna de miel (¿y acaso no lo es?). Firmeza, eso sí, en
las palabras, tiernas descubridoras de las aún más firmes convicciones, y del
placer de haber cumplido. Podía callar, enmudecer para siempre, porque “la
mejor manera de decir es hacer”. Y Rafael Correa lo sabe: lo ha hecho, y lo ha
hecho bien.

Escuchar y ver a
Correa, como a Chávez, como a Evo, como a Nicolás… es un premio a las ideas y a
las luchas revolucionarias de estos tiempos.
Pero, escuchándolo y
viéndolo desde Cuba, suscita también una sensación de inmensa nostalgia, y no
es la primera vez. Cómo se extraña, ¡coño! a nuestro gigante, a aquel que vibra
en la montaña. Al corcel triunfador de todas las batallas, barbudo alazán de
palabra mágica, mirada firme, e ideas como huracanes.
Por ahí anda, en su
retiro activo, nuestro caballo viejo, pero difícilmente cansado, nuestro
Quijote convaleciente de tantos molinos sacudidos… Ya hoy sabemos que fue
absuelto por la historia, y que ni la CIA ni la muerte pudieron llevárselo
todas las veces que lo intentaron. Se irá cuando él mismo quiera, y se quedará
siempre.
Pero se extraña…
Vuelan los recuerdos… Yo era un niño, mas no olvido a mi padre frente al
televisor, diciendo con toda Cuba: “silencio, que ya va a empezar”. Y Cuba
entera, el mundo bueno callaba para escuchar a Fidel… tan seguro, a los yanquis
darles duro. Y explicarnos una y mil veces, hasta con el último hilo de aquella
voz única, cada detalle de lo que íbamos a hacer con él: escuelas, zafras,
misiones solidarias, policlínicos, batallas internacionales… o lo que debíamos
deshacer juntos: entuertos, agresiones, traiciones, derrotas temporales, campañas
enemigas…
Horas y horas de
pie, apenas sin tomar agua, bajo el sol y enormes aguaceros que crujían en el
asfalto de la Plaza, hasta llegar a aquel ¡Patria o Muerte! Con el que vencía y
convencía una y otra vez.
Pocos describieron
mejor su oratoria y su arte para conversar que Gabriel García Márquez:

Un amigo genio (un genio
nombrado por Fidel), el periodista Guillermo Cabrera, murió demasiado temprano
para poder cumplir uno de los tantos sueños que tenía: recoger en un volumen la
poética en la oratoria de Fidel Castro. Una tarde habanera, Guille me puso
decenas de ejemplos. “Cuando un pueblo
enérgico y viril llora, la injusticia tiembla” es uno de esos muchos
arranques poéticos del Comandante de Cuba.
Fidel está ahí,
aunque por momentos nos invada el vacío que deja su estela. A veces parece
darse cuenta y nuestro gigante nos sorprende con su lógica guerrillera, que es
la más ilógica de todas las lógicas.
La más reciente de
sus sorpresas fue este sábado 25: “Querido
Rafael, te felicito por tu valiente discurso de hoy y la gran autoridad moral y
política con que asumes de nuevo la presidencia de Ecuador…”, publicó enseguida
la prensa, porque cada palabra de Fidel Castro sigue siendo noticia mundial.
La historia, se
afirma, pone siempre las cosas en su sitio. Pero la historia se escribe a veces
con enrevesada y lenta caligrafía. Honor a quien honor merece hoy, para mañana
ojalá falte mucho tiempo.
Hace una semana yo estaba
escuchando a Correa… y de pronto pensé en Fidel.
César Gómez Chacón
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