Nada en realidad termina…
Este verso del antológico “Hoy es siempre todavía” que el grupo Moncada cantó y fue tema de una serie televisiva, hoy se ha pasado el día dándome vueltas en la cabeza mientras veía a tantas personas acercarse para decirle a Jorge Gómez que uno se va…pero no se va -como aseguraba Chávez-.
Los Gómez han sido un punto de giro en mi vida desde hace más de veinte años. Al primero, al moncadista poeta y periodista, lo conocí por un libro de versos que Basilia Papastamatíu compilaba, y que Guillermo Cabrera Álvarez también anotó: y dio luz de aurora, sus mejores versos los escribió en los muros del Moncada…. Desde entonces, hice un pacto con el hijo pequeño de Virginia García de quererlo la vida entera y así será siempre.
Cuando comencé a hacer mi tesis, otro Gómez de su familia, César, me llevó por los caminos del periodismo de aquel poeta de la Generación del Centenario. Y fue así que conocí a otros dos Gómez: otro César y Jorge Gómez Barranco.
Desde entonces, sentí que mi vida también estaría unida a la estela de los Gómez descendientes de Virginia, porque es esa, sin duda alguna, una familia muy especial.
Hoy que hemos tratado en vano de despedir a Jorge Gómez, he comprendido que será difícil, o imposible hacerlo. Hay gente como él que nace siempre, y esa es virtud de pocos.
La primera vez que conversamos sobre mi poeta y periodista Raúl Gómez García, me contó en aquel estudio de Radio Progreso que su tío entraba por la puerta de la casa diciendo frases de José Martí y que desde niño lo instó a escribir poemas, -era la tarea de cada tarde-. Y así también le llamaba la atención viendo al tío hablar con su gato Posdablón, en una especia de ronroneo que a él le resultaba una especie de idioma de los gatos. Raúl representaba para Jorge todas las cosas fascinantes. Era, por una parte, el que jugaba voleibol, el que lo llevaba a la pelota; además, el tipo carismático, agradable, del cual se enamoraban las muchachitas que estaban en el barrio.
Se sentaba junto a él como si estuviera hablando con una persona mayor y le leía sus poemas, los versos sencillos de Martí… Le gustaba mucho dibujar y entonces, la otra cosa que él hacía era eso: los dibujos se los regalaba a todo el mundo en la casa. Él le indicaba: «vamos a hacer una exposición», y cogía lo que Jorge pintaba y lo ponía en la pared. Todo ese mundo, lo que tenía que ver con pintar, escribir y con el deporte, que para Jorge ha sido tan importante, lo conoció gracias a su tío Gómez García.
Me contó Jorge que él lo esperaba para enseñarle la tarea que le dejaba, que era escribir cada día una poesía, cuatro versos. Cuando llegaba, la leía y debatían sobre eso y hasta de pelota. Raúl siempre fue habanista, y Jorge almendarista, los dos equipos que eran eternos rivales…. Decía Jorge que quizás por discutir con él, fue que siguió al Almendares cuando Willy Miranda hacía de las suyas en el campo corto. Raúl también impulsó a Jorge de pequeño a hacer Luces Infantiles, una especie periódico familiar para que ejercitara la escritura y los conocimientos de la historia.
Todo eso hizo que lo considerara su gran héroe, la persona que siempre quiso ser. Por eso, cuando nació su primer hijo lo llamó Raúl, y el grupo Moncada, es un justo homenaje a él.
Jorge, tan especial, estuvo en la discusión de aquella tesis sobre su tío el periodista y poeta del Moncada; en la entrega de aquel trabajo al Museo Municipal de Güines, pueblo en el que nació y donde vivió junto a su tío también cuando este le cargaba y le decía: “quién es el niñón más lindón del mundón?” – y aunque Jorge no se acuerda de esto, fue Erasmo Moreira, amigo de su tío Raúl, quien me lo contó cerquita del río Mayabeque-. Aquella vez fue, además, acompañado de los Moncada para regalarle un concierto a su pueblo güinero del alma. A Jorge lo tuve en la presentación de aquel primer libro, en alguna que otra reunión familiar, en conversaciones sobre Raúl, en el apoyo al deporte, en las noches de concierto en Le Select, en el Bulebar 66, o defendiendo el casino…unas veces más cerca y otras más distante por las prisas con que vivimos, pero siempre con el sentimiento de cariño y admiración, agradecimiento y respeto, que me inspira.
Hace poco menos de un mes, conversé con él sobre una foto de nuestro archivo que nunca había visto de su abuela Virginia junto a Fidel, en la década del 60. Todos nos emocionamos al verla…los Gómez y yo. Pactamos vernos para entregarle una copia personalmente, pero no nos fue posible…el tiempo juega malas pasadas.
….Hoy, mientras todos venían a verle, mientras Manuel Calviño y Alberto Faya conversaban y parecía que de un momento a otro cantarían al Son Final o el Chamamé a Cuba; o cuando el joven cantante se acercó; o cuando David Blanco aplaudió ante su maestro con lágrimas indetenibles en los ojos; o cuando tantos familiares y músicos pasaban a rendirle tributo, y además aparecían mensajes de muchos lugares por teléfono y redes sociales; cuando estaban junto a él las flores del General de Ejército y del presidente, tuve la certeza de que también él, como su tío Raúl, estaba dando luz de aurora.
Su familia, allí reunida, con emociones liberadas y a veces contenidas, también demostró el valor de un hombre que es capaz de fundar afectos y esperanzas. Por eso yo sé que Moncada seguirá cantando…y es necesario, urgente y hermoso que lo siga haciendo.
El Jorge profesor de la Universidad, el hombre culto, marxista, revolucionario, el diputado, el martiano y fidelista, leal y consecuente; el Jorge de Moncada, su proyecto en el arte para su patria que hizo música para el amor, la Revolución el continente y para hacernos bailar sin dejar de pensar, siempre con perspectiva; el maestro que aconsejó a tantos muchachos jóvenes en la música y en la vida; el amante del voly, de la poesía de Amado Nervo que su tío le enseñó; el del Cubadisco; el sobrino orgulloso de la historia de su familia; el que un día me contó de aquel último encuentro con Haydee Santamaría que les pidió una foto con el grupo; el que mientras dibujaba montañas y banderas le dio el presentimiento a su abuela de que a su tío Raúl le había pasado algo malo; el que revisó con nosotros en la Oficina las imágenes de su tío Raúl recordando mil cosas….Todos estos momentos vividos que no pueden pasar a ser recuerdos en sepia, son los que desde esta mañana se baten en mi cabeza, se agolpan, pasan cronológicamente o se desordenan, pero no me abandonan…y me obligan a escribir aunque haya ya colegas que lo han hecho de una manera exquisita…..Pero este es el Jorge que yo tengo, el que tuvo hoy flores y homenajes merecidos, una florecita silvestre mía debajo de su bandera y un intento melódico en modo susurro que traté de que escuchara alto pero bajito: “nada en realidad termina, todo reverdece y anda…nada en realidad se estanca entre el llanto y la alegría, entre el miedo y la esperanza…..”
Nada en realidad termina, Jorge….
Hoy es siempre todavía
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